Una red criminal internacional operaba en la capital mexicana con total impunidad.
Ciudad de México, México. — El asesinato de dos jóvenes venezolanas destapó una trama mucho más profunda de trata de personas, explotación sexual y alianzas criminales en el corazón de la capital. Las investigaciones oficiales apuntan a una colaboración directa entre la Unión Tepito y el Tren de Aragua, una de las organizaciones delictivas más violentas de origen venezolano.
El hallazgo de los cuerpos de Stephanie y Susej, en julio de 2024, marcó un punto de quiebre. La brutalidad del crimen y el intento de desaparecer evidencias encendieron las alertas de las autoridades, que comenzaron a seguir la pista de una red que ya operaba desde hace tiempo en Ciudad de México.
Detenciones que revelan una alianza criminal
Esta semana, la Secretaría de Seguridad federal confirmó la detención de seis presuntos integrantes del Tren de Aragua. Aunque todos son mexicanos, están señalados por delitos como trata de personas, extorsión, narcotráfico y delincuencia organizada.
Las capturas permitieron conocer el engranaje que vinculaba a la banda venezolana con la Unión Tepito, el grupo criminal local que controla amplias zonas de la capital. De acuerdo con las autoridades, esta relación se basaba en el cobro de cuotas a cambio de permitir la operación de la red de explotación sexual.
La mujer clave entre ambos grupos
Entre los nombres que aparecen en la investigación destaca el de Lesli Valeri Flores Arrieta, de 40 años, identificada como la principal intermediaria entre ambas organizaciones. Según los reportes oficiales, ella era la encargada de recaudar el dinero que el Tren de Aragua obtenía mediante la explotación sexual de mujeres migrantes.

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Las autoridades le aseguraron una libreta con registros detallados de las víctimas, los puntos donde eran obligadas a trabajar —como las zonas de Sullivan y Revolución— y las cantidades que debían pagar por derecho de piso.
Una red familiar dedicada al delito
La operación no era individual. La policía detuvo también a dos hijos y dos nueras de Flores Arrieta, quienes presuntamente participaban en la venta de drogas, extorsión y cobro de cuotas tanto a integrantes del Tren de Aragua como a las mujeres explotadas.
Otros familiares y colaboradores cercanos también habrían formado parte de la estructura criminal, encargándose de tareas como distribución de estupefacientes, vigilancia y entrega del dinero a mandos superiores.
El operador financiero del Tren de Aragua
Otro de los detenidos es Bryan Betancourt, de 33 años, señalado como el operador financiero de la organización venezolana en México. Según la Secretaría de Seguridad, utilizaba cuentas bancarias para mover y ocultar recursos ilícitos, además de facilitar viviendas donde se alojaban tanto criminales como víctimas.
Así captaban y explotaban a las víctimas

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Los informes de seguridad detallan que las mujeres eran captadas durante su trayecto migratorio. Ingresaban a México principalmente por Tapachula, Chiapas, una zona marcada por la presencia del crimen organizado y una crisis migratoria constante.
Tras pagar cuotas a grupos criminales locales, las víctimas eran trasladadas a Ciudad de México, donde se les imponía una deuda de entre 12,000 y 14,000 dólares por su ingreso al país. A esto se sumaba un pago semanal cercano a los 12,500 pesos por “uso de plaza”.
Deuda, control y violencia
Las mujeres eran obligadas a saldar estas deudas mediante la explotación sexual. Algunas, una vez liberadas, continuaban su camino hacia Estados Unidos. Otras nunca lograron escapar.
Casos como el de Stephanie y Susej reflejan el nivel de violencia que enfrentaban quienes intentaban huir de la red. Su asesinato se convirtió en la clave para exponer una estructura criminal que, durante años, operó con impunidad en la capital del país.
Las autoridades aseguran que las investigaciones continúan y no descartan nuevas detenciones relacionadas con esta alianza criminal que convirtió la migración y la vulnerabilidad en un negocio multimillonario.




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